Instinto de marinos

Cuando llegué a mi casa, me acompañaba la tristeza, de un niño perdido. Mi papá se sentó a mi lado y me contó la historia de la batalla de Trafalgar, donde la armada invencible española, fue derrotada por los ingleses, en 1805. Eso fue hace mucho tiempo, pero me acuerdo de una frase del Almirante Nelson, antes de morir, que siempre citaba mi viejo…“Prefiero hombres de hierro, en buques de palo, que hombres de palo, en buques de hierro.” Desde entonces, colgué la bandera de la tenacidad, en la proa de mi alma y pensé que siempre es mejor morir luchando...
El sonido de mis pasos se hace sordo,
Por la fuerza del diluvio que me cubre
Y el agua se desliza por mi cuerpo,
Percudiéndome de esencias y fragancias de mujer
La mirada, encapuchada, permanece solitaria
Sin gotas de lluvia, que diluyan su pasión
Tras la gabardina empapada, yace el pecho protegido
Y tras el pecho, la belleza de mi joven corazón
Cuando lloran las nubes desde el cielo,
Las gaviotas pescadoras, se abstienen de volar
El llanto apacigua la furia del mar
Y este disimula, con quietud superficial
El fuego perfora la cubierta del barco
Y la nave, no se hunde, sin estar su capitán
En el fondo, las sirenas, entonan un canto
Y velan, con plegarias, su secreto funeral...