El despertar de Nané

continuación de Las enseñanzas de Lutek Muka
El frío de la brisa matutina despertó a Nané. Su piel desnuda, estaba acostumbrada al constante rose del viento pero no, a la ausencia del calor de la manada. No tardó en descubrir la influencia de la necesidad, manifestada en comportamientos plenamente inconscientes. Sabía que estaba solo y que las exigencias del entorno, trascendían la esfera teórica…
Un misterioso ruido, proveniente de la hierba que lo rodeaba, le supuso una presencia adicional al viento. Se quedó quieto, pero un grupo de pájaros alzó el vuelo, como tratando de confirmarle, que algún animal estaba al acecho. Nané lo tenía claro: No es momento de meditaciones, ni mucho menos, de perder la calma. Cogió una piedra, la arrojó y se movió silenciosamente en sentido contrario. Un rugido de león, acompañado de un aliento pesado y caliente, aceleró el ritmo cardiaco del joven Truluk, mientras éste, sin pensarlo 2 veces, se levantó y corrió, hasta trepar de un sólo salto, el árbol más cercano.
El rey de la selva, se quedó observando a Nané, adoptando una humilde actitud disimulada, mientras se acercaba al árbol. A su llamado, acudieron 3 hembras; cada una de la cual, cargaba el cuerpo moribundo de una gacela. La manada de leones, desayunó a la sombra y Nané no encontró ninguna rama, de donde comerse una fruta. Luego, el grupo de mininos, se arrunchó para tomar la siesta y fue entonces, el momento de escapar, pues “barriga llena, corazón contento”
El resto del día, lo aprovechó el nómada, para buscarse una cueva como refugio, cazar un par de conejos y se abasteció de algunos arbustos, con comida silvestre, para la noche…
Primera lección: Causa, efecto... acción y reacción
Un misterioso ruido, proveniente de la hierba que lo rodeaba, le supuso una presencia adicional al viento. Se quedó quieto, pero un grupo de pájaros alzó el vuelo, como tratando de confirmarle, que algún animal estaba al acecho. Nané lo tenía claro: No es momento de meditaciones, ni mucho menos, de perder la calma. Cogió una piedra, la arrojó y se movió silenciosamente en sentido contrario. Un rugido de león, acompañado de un aliento pesado y caliente, aceleró el ritmo cardiaco del joven Truluk, mientras éste, sin pensarlo 2 veces, se levantó y corrió, hasta trepar de un sólo salto, el árbol más cercano.
El rey de la selva, se quedó observando a Nané, adoptando una humilde actitud disimulada, mientras se acercaba al árbol. A su llamado, acudieron 3 hembras; cada una de la cual, cargaba el cuerpo moribundo de una gacela. La manada de leones, desayunó a la sombra y Nané no encontró ninguna rama, de donde comerse una fruta. Luego, el grupo de mininos, se arrunchó para tomar la siesta y fue entonces, el momento de escapar, pues “barriga llena, corazón contento”
El resto del día, lo aprovechó el nómada, para buscarse una cueva como refugio, cazar un par de conejos y se abasteció de algunos arbustos, con comida silvestre, para la noche…
Primera lección: Causa, efecto... acción y reacción
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