¿Incertidumbre?

Cuando Miguel se encontraba en el borde del abismo, donde la influencia de la más mínima fuerza, está por determinar, el paradero de su destino, y lo único que pudo hacer, era conformarse, con los efectos de una elección irreversible, experimentó una sensación de incertidumbre, similar a la de confundir, una aceituna negra, con un chocolate.
Lo hecho, hecho está… y ahora que el jugador nota el contraste, de las cartas que acabó de cambiar, parece irrelevante el amargo de la aceituna, comparado con la valiosa oportunidad, de tener un buen juego y asegurarse, una dulce victoria. Miguel pensaba que se había precipitado, que tal vez, había sido un optimista, porque las cosas no siempre resultan ser lo que parecen. A continuación, su atención se centró en los movimientos de sus oponentes, mientras disimulaba el sudor de sus manos, con una cara de poker. Pero ahora que las apuestas se han doblado, ya es un poco tarde para arrepentirse. Quizás tenga la suerte de salir impune, frente al deliberado impulso y reflexionar, posteriormente, la experiencia vivida. Pero parece que las posibilidades del pensamiento aumentan, cuando la suerte disminuye y por ende, expone al hombre en carne propia, a las consecuencias de su proceder.
Lo verdaderamente importante, aquí, es la exaltación, por parte de quien se halla en un momento de incertidumbre, pues es tan repentina la pérdida del control, que cuando nos damos cuenta de ello, nos impacta estar en las manos de otro, porque es más evidente, que el ambiguo mundo de la probabilidad, pero no menos riesgoso, que una vulnerabilidad, no percibida.
Lo hecho, hecho está… y ahora que el jugador nota el contraste, de las cartas que acabó de cambiar, parece irrelevante el amargo de la aceituna, comparado con la valiosa oportunidad, de tener un buen juego y asegurarse, una dulce victoria. Miguel pensaba que se había precipitado, que tal vez, había sido un optimista, porque las cosas no siempre resultan ser lo que parecen. A continuación, su atención se centró en los movimientos de sus oponentes, mientras disimulaba el sudor de sus manos, con una cara de poker. Pero ahora que las apuestas se han doblado, ya es un poco tarde para arrepentirse. Quizás tenga la suerte de salir impune, frente al deliberado impulso y reflexionar, posteriormente, la experiencia vivida. Pero parece que las posibilidades del pensamiento aumentan, cuando la suerte disminuye y por ende, expone al hombre en carne propia, a las consecuencias de su proceder.
Lo verdaderamente importante, aquí, es la exaltación, por parte de quien se halla en un momento de incertidumbre, pues es tan repentina la pérdida del control, que cuando nos damos cuenta de ello, nos impacta estar en las manos de otro, porque es más evidente, que el ambiguo mundo de la probabilidad, pero no menos riesgoso, que una vulnerabilidad, no percibida.