
Mi abuelita siempre solía contarme historias, todas las noches. Algunas, inventadas por ella; otras, que recordaba de sus abuelos y, las restantes, de cuentos para niños que las generaciones de hoy, ignoran…
Entre éstos, recuerdo muy bien, el dibujo del zorro, echándole todo tipo de flores y piropos al cuervo, que escucha desde la rama de un árbol, con un pedazo de queso en el pico, hasta que se emociona demasiado y deja caer el queso, para sonreír. La paradoja, me resulta matemática y es que las mujeres, se enamoran por los oídos, definitivamente…
Pero éste no es el único cuento de zorros, que le oí a mi abuelita, afortunadamente…
Existe también, en mi saber, la fabula de una galleta, que se escapa de la pastelería y todos se la quieren comer. La dulce criatura, huye desesperada, porque todos le representan una amenaza. De repente, llega a un río y, casualmente, se encuentra a un zorro, que se dispone para cruzar. Él, muy amablemente, le ofrece ayuda y ella, sin dudarlo, se monta en su lomo…
“El nivel del agua no tardará en subir, así que será mejor que te agarres de mi cuello”…
Minutos más tarde…
“Vamos llegando a la parte más profunda, ¿por qué no te acercas a mi hocico?”…
El resto de la historia es obvia, pero la paradoja, me deja mucho que pensar…
¿Cuál otro puede ser el destino de la galleta, sino ser comida?
¿Por qué no dejarse comer en la tienda, como las demás galletas?
¿De no comérsela, qué papel juega el zorro en la historia?
¿Quién es el oportunista, el zorro o la galleta?
“Se debe crear sistemáticamente desorden, ya que el desorden pone en movimiento el proceso creador. Todo lo que genera contradicción es sinónimo de vida…”
Salvador Dalí